Hola, soy Susana. Tengo 38 años, soy policía jefe e investigo diversos casos.
Uno de esos casos me llegó hace tan sólo unas semanas. Trata de una niña desaparecida, Carla, 4 cuatro años. Es de Madrid. Nadie sabe de ella desde el 22 de febrero a las 15:30. Desapareció sin saber por qué del colegio.
Mi equipo y yo hemos investigado todos los rincones del colegio… es su casa… los parques y lugares de los alrededores. Hemos interrogado a los alumnos del colegio y a los padres. La familia ha colgado carteles con su foto… pero nada, ¡no aparece!
Anoche me acosté revisando las pruebas del caso y en toda la noche no he pegado ojo. He soñado con la niña; estoy convencida de que aún sigue viva; he decidido que voy a investigar más detenidamente el caso.
Hoy me dirijo al colegio, salgo de mi descapotable negro y me dirijo directamente al despacho del director.
Interrogo al director, el Sr. Martínez. Él confirma que no ha visto a la niña desde el día de la desaparición. Me fijo en su mirada… en ella no hay miedo,… su voz es firme y segura,… y sus manos no tiemblan.
Salgo del despacho pensativa. Miro a mí alrededor y encuentro a Encarna Ramírez (la conserje). Es una señora de unos 55 años. Su pelo es rojizo, viste con un traje de chaqueta y pantalón color salmón. Está rellenita y anda con cierto cojeo. Baja unas escaleras que conducen al sótano del colegio, la sigo escondiéndome para que no vea… se dirige a la puerta de la caldera (esa sala la investigamos pero no encontramos nada),…saca una llave plateada y mira hacia su alrededor antes de abrir la puerta.
La espero escondida hasta que salga, tarda una hora. Cierra la puerta rápido, sale con una sonrisa malévola en la cara y sube las escaleras rápidamente. Cuando está subiendo las escaleras me fijo en su mano, lleva muñecos y juguetes.
Yo… intrigada, fuerzo la puerta sabiendo el riesgo que me puede llevar hacer eso, porque sin una orden judicial no puedo forzar ninguna puerta.
En el interior encuentro la vieja caldera del colegio, pero esta vez ha cambiado algo desde que registramos aquel lugar, ¡En este momento estoy viendo la ropa de Carla en el suelo!...juguetes y restos de comida rápida.
Cojo mi “walkie-talkie” e intento pedir refuerzos, hay rastro de la niña por fin. Pero… ni mi busca, ni mi walkie, ni siquiera mi móvil funcionan, parece ser una onda extraña que bloquea todos los aparatos electrónicos.
Intento salir de aquella oscura y maloliente habitación, pero la puerta que forcé antes ahora es imposible de abrir. Nerviosa me llevo las manos a la cabeza, la apoyo contra la pared y me deslizo hasta quedar sentada. Junto el oído a la pared, y escucho llantos de una niña,… chillo por si me escucha,…pero no recibo ninguna contestación de su voz.
Observo el horrible papel pintado que cubre la sala. Nerviosa lo araño y descubro que bajo él hay una puerta. Quito corriendo el papel y abro la puerta.
Encuentro a la famosa Carla,… la tranquilizo,… la cojo entre mis brazos y observo el lugar en el que estoy. La pared está recubierta de fotos de niñas con las mismas características que Carla. Hay un colchón mugriento en una esquina de la habitación, unos cuantos peluches y un armario.
Con Carla en brazos pienso en salir de aquella habitación tan siniestra y terrorífica. De repente se abre la puerta y aparece Encarna con ojos terroríficos y un cuchillo de cocina en la mano. Hace una intención de acariciar la cara de la pequeña. La apartó antes de que la roce. La mujer riéndose malvadamente dice:
-Lo siento Carla… llegó tu hora.
La niña llora desconsoladamente. Cojo mi pistola y apunto con ella a aquella mujer, Encarna, son pensarlo un minuto. Ella dirige el cuchillo hacia Carla. Antes de que el punzante cuchillo toque a Carla, disparo hacia la pierna de la conserje. Cae desplomada en el suelo. Dejo a Carla en el colchón, le quito el cuchillo, abro el armario para meter allí a Encarna,… pero al abrir la puerta caen varios cadáveres de las niñas que aparecen en las fotografías encima de ella.
Yo suelto el cuchillo y Carla llora cada vez más. La cojo corriendo en brazos, salgo corriendo hacia donde está la caldera,… la puerta sigue bloqueada. Disparo y consigo abrirla.
Subo las escaleras corriendo y pido ayuda. Profesores y alumnos acuden en mi ayuda. La enfermera del centro se ocupa de Carla. Mientras pido refuerzos se llevan a Encarna y los cadáveres.
Desgraciadamente veo los rostros de los padres de las niñas y siento que mi corazón se encoje,… pero se me agranda al ver a los padres de la pequeña Carla abrazándola y besándola.
Me siento orgullosa de haber salvado la vida de esa pequeña.
Autor: Arash
(2º ESO)
Madre mia....menudo thriller. Me ha encantado, he empezado a leer y he perdido un buen rato porque no he podido separar mis ojos de la pantalla.
ResponderEliminarSencillamente genial
Gracias Oscar!!! Bienvenido a Nuestro Blog!!! Es un placer para nosotros!!!...¿Hay cosas buenas eh?!!!
ResponderEliminarUn gran saludo!!!, Fátima.